Desafiando la tormenta

Durante el año 2015 escuché en varias oportunidades, de boca de economistas, consultores y demás expertos, que ese año era “el peor en 100 años en Venezuela”. La realidad nos mostró que el 2016 lo dejó atrás, y el 2017 va en camino de superar quizás a la suma de ambos, en cuanto a inflación, escasez e inseguridad, entre otros.

Si algo tenemos en común la gente que hacemos vida en el país es que contamos con entrenamiento en crisis: desde que tengo uso de memoria, salvo algunos períodos de relativa bonanza (precio del petróleo mediante) hemos acumulado experiencias difíciles, aunque nunca nos habían distinguido con el galardón del “país con la mayor inflación del mundo”, una escasez en alimentos y medicinas que ni siquiera en tiempos de guerra y una inseguridad personal y jurídica que hacen casi imposible el bienestar merecido por la gente de un país petrolero, rico o en vías de desarrollo, como se nos llamó en su época.

Escuchamos, decimos, vemos, sentimos, que todo eso es como una tormenta, un gran nubarrón con rayos y centellas, como un tsunami constante, presente, y sin ánimo de cesar, que cubre la vida y ahoga la esperanza. Y ello se refleja en desánimo, frustración, desesperanza, que abre huecos en las ganas de encontrarnos, compartir, estudiar, trabajar, crecer, en echar pa’lante como decimos en criollo.

Cuando estamos en plena tempestad, la visión se nubla, el cuerpo se entumece y las palabras no llegan claras por el ruido que hay alrededor. Entonces nos toca decidir si resistimos o desafiamos la tormenta. Resistimos, pasivamente, cuando nos quedamos en el mismo lugar, aguantando, aguardando, esperando que el temporal pase, viendo cómo se destruye lo que se ha construido y dejando todo en un estado que golpea el ánimo de los más osados. Se trata de desafiar: enfrentar, asumir con coraje, atrevernos a hacer algo diferente cada día, todos los días; para lo que se hace necesario precisar el foco, hacia dónde vamos, para que los vientos y los derrumbes no nos desvíen de los objetivos, en otras palabras: una brújula.

Le invito a hacer este ejercicio de manera individual, en pareja, en familia, en su comunidad, en su empresa, en el equipo deportivo o social, en cualquier ámbito: así como la brújula tiene 4 puntos cardinales, asígnele a cada uno cualquiera de estas dimensiones: (a) personal, (b) familiar, (c) laboral, (d) país, estableciendo como norte aquella que considere debe mantener siempre presente y que impulse a las otras 3 dimensiones.

Dibújela, escriba la dimensión seleccionada para cada uno de los puntos cardinales, y ahora establezca 3 acciones concretas, específicas, desde el accionar que usted está dispuesto a realizar cada día, todos los días. Para ello es importante que esa acción sea realizable, que el recurso más importante para realizarla sea usted, desde su acción y liderazgo personal, desde su responsabilidad.

Imagine si todos en casa, en la comunidad, en el trabajo, en el país, asumimos el reto de hacer cosas dirigidas a objetivos concretos que se pueden hacer comunes, que encontrarán eco en otros, fomentando la empatía, el trabajo en equipo, la resiliencia, como dice Anthony Robbins: “enfócate a dónde quieres ir, no en lo que temes”, venciendo a los demonios, enfrentando lo malo.

Vamos a estar bien, tengo la certeza de que tendremos un tiempo mejor, no me aventuro en fecha para eso, pero tengo la seguridad de que VAMOS A ESTAR BIEN, porque “aunque el  miedo esté ahí le sabremos ganar” (Yordano).

 

Luis Tercero Silva

Consultor, conferencista y motivador
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Emprendedores a montón

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El sábado 28 de mayo de 2016, en el Centro Comercial Castillejo en Guatire, a las 8 am: alrededor de 80 personas decidieron hacer una mañana diferente; y escribo hacer en lugar de tener, porque cuando alguien sale de la rutina sabatina de salir a buscar qué consigue en mercados, farmacias o demás comercios, decide hacer.

La Organización 4G, dedicada a servicios profesionales y a la organización de eventos, me invita a hacer la apertura motivacional de este encuentro que denominan Emprende 2016, que es parte de una programación de eventos que incluyen motivación, recreación, música y humor.

La puntualidad de los asistentes lanzó por tierra la expresión general de que el venezolano es flojo e impuntual: desde temprano la gente esperaba afuera, en una cola que prometía experiencias, conocimiento y motivación, en lugar de maltrato y desesperanza, que es lo que abunda. Gente de logística que iba de un lado a otro, preparando todo para brindar un momento de buen servicio y distinción, patrocinantes decorando sus espacios para cautivar a los asistentes, oradores repasando las notas de sus presentaciones, todos con un objetivo: entregar lo mejor a la gente.

Gente de todas las edades, más mujeres que hombres, emparejados algunos, en familia otros, nos permitieron entrar en sus vidas en esa mañana y alentarlos en el camino de ir tras sus sueños: me tocó abrir el evento conversando sobre Resiliencia, acompañado de la llave Foco-Disciplina-Pasión, buscando estimular la certeza de Creer, porque sí lo puedes lograr, a Crear, porque hay muchas cosas aún por hacer,  y a Crecer, como persona, familiar y ciudadano de este país.

Continuó Garrys García, fundador de la Organización 4G (que representa las iniciales de sus dos nombres y dos apellidos), hombre de negocios y filántropo, quien desde sus experiencias vitales y blindada fe reafirmó en los asistentes las ganas por enfocarse racionalmente hacia los negocios, con criterios concretos para el logro de sus objetivos.

Lino Siso, consultor legal-tributario, supo llevar a todos, con humildad y un lenguaje comprensible, los aspectos que a veces frustran los sueños de los soñadores entusiastas: cómo manejar lo legal-regulatorio en un ambiente hostil para los negocios, para avanzar con pasos firmes en ese camino burocrático.

Y para cerrar, un comunicador social muy conocido en el ámbito deportivo, dueño de un entusiasmo y dedicación por lo que hace, Jefferson Quintero, brindó a los asistentes un conjunto de herramientas efectivas para la comercialización de sus ideas, en otras palabras: ¡vender, persuadir!

Esa mañana contó con la animación de dos geniales y talentosos locutores de la zona, Mer (ella) y Julio (él), demostraron un gran dominio de la escena e hicieron participar animadamente a todos los asistentes.

Son estas iniciativas las que nos conectan con la Venezuela Buena, la de la gente emprendedora, sonrientes, entusiastas y enamoradas de ideas que les llevarán a lograr sus metas, la gente que no se acostumbra a una cola, que no se acostumbra al maltrato, y que no se acostumbrará: gente como todos, y que decidieron hacer un sábado diferente.

Cuando en tantas conversaciones cotidianas escucho frases como “va a costar recuperarse; va a ser difícil cambiarle la mentalidad a la gente…” entre otras, manifiesto mi inconformidad: soy un creyente del poder de la gente, de que dentro de los más reaccionarios se encuentra el deseo de estar bien, de que somos capaces de vencer las fronteras para acompañarnos a vivir mejor, porque cuando participamos del ingenio, voluntad y fe de toda esa audiencia inspirada e inspiradora, entiendes que hay razones para creer: son mujeres y hombres, con diferentes edades, estudios u otras condiciones, pero con un elemento común e integrador: decidieron hacer lo que haya que hacer en el país, aquí y ahora, para salir adelante con sus familias, y con la convicción de que ¡juntos sacaremos pa’lante a Venezuela!

Luis Tercero Silva

Consultor, conferencista y motivador

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Los que se quedan

“Los que se quedan, los que se van, algún día volverán”, contagioso estribillo de una composición de Horacio Blanco de la banda venezolana de ská Desorden Público, sirvió para la apertura del reciente evento de la Asociación Venezolana de Gestión Humana, el 16 de febrero en la ciudad de Caracas-Venezuela, llamado Cómo prepararse para la gestión del Recurso Humano en 2017, y que inició con el tema de Atracción y Retención del Talento. Me correspondió el reto de abrir este evento con un tema que genera mucha preocupación en la gerencia venezolana, representada en ese espacio por una nutrida asistencia de responsables del área de Gestión Humana y de dirección de organizaciones, en su mayoría de carácter privado.

Es conocido públicamente que la situación política y económica en Venezuela ha generado, entre otras consecuencias, la emigración de -según algunos especialistas- más de 2,5 millones de personas, en su mayoría profesionales, técnicos especializados, comerciantes y empresarios, que hoy hacen vida con sus familias en otros lugares del mundo, en su mayoría dedicados a cualquier actividad que les permita el sustento económico y -en muchos casos- en situación de ilegalidad con respecto a su situación migratoria en esos países de acogida. En nuestros contactos con las organizaciones, desde nuestra práctica como consultores y en eventos como el organizado, ya es lugar común la frase “se está yendo la gente” para hacer referencia a la diáspora venezolana de estos 2 últimos años.

Los responsables de la gente en nuestras organizaciones han implementado un portafolio de medidas para retener a los trabajadores, tales como la identificación de los talentos claves para generar planes de sucesión, la asignación de ayudas o créditos para la adquisición de viviendas, automóviles y otros bienes, bonificaciones especiales (algunos en divisas), y otras más, incluyendo las prácticas comunes así como otras inéditas, sin que ello haya disminuido la fuga de cerebros.

Dentro de la revisión honesta y muy crítica de lo que hemos hecho hasta el momento, el lema que acompañaba el título de nuestra intervención era “Cambiar paradigmas en cómo afrontamos la retención y la fuga de talentos”, hemos propuesto revisar nuestro lenguaje y actitud. Si vamos a lo básico, buscar el significado de las palabras en el Diccionario de la Real Academia Española, encontraremos que retener es: Impedir que algo salga, se mueva, se elimine o desaparezca. Conservar en la memoria algo. Conservar el empleo que se tenía cuando se pasa a otro. Interrumpir o dificultar el curso normal de algo. Imponer prisión preventiva, arrestar. Reprimir o contener un sentimiento, deseo, pasión, etc.”. Con ello se abre la reflexión para preguntarnos si cuando tomamos esas medidas desesperadas para mantener con nosotros a la gente, estamos obedeciendo a nuestros paradigmas, juicios y temores, en lugar de reconocer que para esta nueva generación de trabajadores (los Millennials) la permanencia no es un valor como el que tuvimos otros, para ellos se impone la búsqueda constante de oportunidades, la movilidad.

En el mundo globalizado actual observamos una verdadera revolución en la manera cómo los trabajadores y las organizaciones se están relacionando: ya no se trata de trabajar toda la vida en la misma empresa y jubilarse allí, convertirse en su gerente con una buena oficina, entre otras frases que quizás fueron puestas en nuestros pensamientos por nuestros padres. Hoy, se trata de poner a disposición de una organización el talento individual, logrando equilibrio entre lo personal-familiar-laboral, con foco en el logro de resultados que generen valor al estar vinculados a retos concretos, y con remuneración y capacitación competitivas… lo anterior es lo que verdaderamente retiene a nuestros profesionales jóvenes.

Por lo tanto, y ofrezco disculpas por lo atrevido, no se trata sólo de retener al que se quiere ir, se trata de trabajar con el que queda. Nuestro país, asediado por la inseguridad, escasez y alto costo de la vida, ha presentado retos importantes para nuestra gerencia, que se siente frustrada al ver que las medidas de retención no han tenido un impacto importante y, en muchos casos, han generado reacciones por parte de los “no elegidos”, quienes al final de cuentas son quienes se quedan trabajando en su empresa, a veces con una fidelidad poco reconocida.

Toca mirar hacia adentro, al que se queda, y tomar acciones tanto personales como organizacionales. Con las primeras nos referimos a la actitud y el lenguaje de supervisores o influenciadores, ya que a veces empujamos a la gente a que huya del país, sin indagar si la decisión ha sido evaluada u obedece a un disparo emocional: usted no va a cambiar la decisión del otro, usted se puede comportar como un coach e indagar y guiar a ese trabajador en la mejor decisión, aquella que genere valor personal, intelectual.

Con este panorama, donde se ven truncados los planes de carrera y expectativas, es necesario tomar medidas distintas, dirigidas a un interés supremo: mantener a nuestras organizaciones, desafiar la tormenta en la que se encuentran. Para ello es necesario gerenciar el conocimiento, para que las prácticas y modelos permanezcan en la empresa, que no se vayan con el trabajador, procurando además el aprendizaje compartido, de forma que todos conozcan el trabajo de todos. Es importante evaluar y reforzar la comunicación y relación con los supervisores, retándonos a organizar nuestras empresas de una forma más plana, que promueva el desarrollo horizontal como elemento para captar la atención de esa generación que le acompañará en su organización. Incorpore los valores como un criterio de selección, cuídese de ser un trampolín inmediato pero recuerde que la denominada estabilidad laboral (años en una empresa o posición) está sobreestimada en este tiempo, lo que nos lleva a Planes de Sustitución (de 1 a 3 años) en lugar de aquellos Planes de Carrera a 20 años. Fomente la innovación, reconociendo el impacto en la efectividad y promueva modos de ejecución y seguimiento novedosos, como el teletrabajo y el empowerment, apoyándose en una capacitación que además de cerrar las brechas en conocimiento, brinde herramientas que promuevan el bienestar del trabajador y su entorno.

Estamos en un mundo en constante evolución, donde los derechos humanos y las nuevas tecnologías han impulsado maneras diferentes de comunicarnos y relacionarnos. Para la gerencia y sociedad venezolanas es un reto mantener la cordura en este tiempo aciago, por lo que es necesario reconocernos en la resiliencia y experiencia que tenemos viviendo en crisis, y que -a decir de Khalil Gibran- “Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.”, contando con los que se quedan y con los que volverán.

Luis Tercero Silva

Consultor, conferencista y motivador

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El Liderazgo Necesario

En mis actividades de facilitación, en especial aquellas relacionadas con el desarrollo de las capacidades de supervisión, al solicitarle a los participantes que nombren la primera persona que les viene a la mente cuando digo líder, con frecuencia mencionan a algunos relacionados con la religión, política o familia, y en muchos casos recuerdan a otros, tóxicos, sanguinarios incluso, con el argumento de que movían masas. Es curioso que rara vez hablan de su jefe, fundador o directivo de su organización: lo más cercano a ello es sugerir a un empresario venezolano de un grupo de empresas bajo amenaza constante… ¡ese en quién usted también pensó!

Lo anterior me lleva a preguntarme qué es lo que estamos haciendo o dejando de hacer para que nuestra gente nos reconozca como líderes.

Más allá del uso común de la palabra y de gran cantidad de definiciones que encontramos, me gusta lo que dice Stephen Covey, autor de Los Siete Hábitos de la Gente Altamente Eficiente entre tantos libros y videos publicados: “Un líder es un hombre o una mujer de carácter que trabaja sobre la base de principios, y sitúa a éstos en el centro de su vida, de sus relaciones con  los demás, de sus convenios y contratos, en su evolución gerencial y en el enunciado de su misión” (S. Covey, 2003).

Una definición general pero a su vez concreta y con los elementos necesarios para determinar las claves de un liderazgo efectivo: note que establece al sujeto como un hombre o una mujer de carácter en lugar de darle una denominación organizacional como jefe, gerente o directivo. Quizás el hablar de carácter tenga que ver con la firmeza y enfoque que se debe tener, a diferencia de la rudeza a que en Venezuela nos remite esa palabra y que siempre hemos asociado con el gerente tipo capataz.

Al seguir tenemos a los principios, es decir los valores, como centro de todas sus relaciones, lo que debe ir más allá de su rol laboral  para incluir  lo familiar y social. Piense en un valor que para usted sea importante… quizás pensó en honestidad o respeto, ahora pregúntese si en las relaciones con su pareja, hijos, amigos, clientes, compañeros y cualquier otro relacionado se maneja desde esos valores… ¿y es congruente, es decir, lo que usted dice se hace real en lo que hace?  Consideramos que esta conjunción principios-congruencia es determinante para que lo reconozcan como Líder, que dicho sea de paso es un nombramiento que le otorgan los demás y no el cargo o su tarjeta de presentación.

A estas alturas posiblemente su definición de líder, o aquel que primero le vino a la mente, comienza a pasar por un filtro… y eso es importante y necesario: no basta tener labia, hablar fuerte y gesticular mucho, dar órdenes, tener una oficina desde dónde controla todo, acciones que en su momento eran parte del paradigma organizacional.

Porque hoy, en esta época de cambios, ese paradigma también cambió: en la definición de Covey se cierra con el enunciado de su misión, en otras palabras: el propósito, la respuesta a la pregunta ¿Para qué estoy aquí?.  NO se trata de lo que usted quiere que se haga, se trata de lo que se debe hacer, del valor que traerá a su gente (país, familia, comunidad, trabajo), de acompañarles y facilitarles el tránsito a su bienestar: ¡el rol actual del líder!

En el próximo artículo  continuaremos con otros aspectos que inspiran a que la gente lo reconozca como su Líder, para que lo recuerden cuando se le pregunte…

 

Luis Tercero Silva

Consultor, conferencista y motivador

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28

Estaba tomando un café y leyendo un libro, sentado en un lugar de un centro comercial de la zona montañosa del sureste de la ciudad de Caracas, de esos pequeños edificios comerciales que servían como centro de compras y encuentro de los vecinos pero que hoy -como consecuencia de la escasez y contando con la agilidad de los mototaxi- son sitio de confluencia de toda la gente, sin distinción de clase o ingresos: hace rato que los cerros bajaron, frase odiosa, y están haciendo la misma cola que hacemos todos los días.

En un momento levanto la mirada, y observo que en la mesa del frente hay dos, más allá en la barra tres más, en otra mesa cuatro, y van nueve, y mientras voy pasando los ojos por todas las mesas del sitio, noto que todas las mesas estaban ocupadas -con mi excepción- de mujeres, estaba rodeado de… 28 mujeres.

Dejo el libro a un lado y me dedico a observar, y a escuchar en la medida de lo posible: dichoso por estar allí, como único testigo de la reunión que la crisis y la casualidad provocan: madres, hermanas, esposas, primas, novias, tías de alguien, mujeres nuestras.

Y con lo que permite la atención, la escucha entrenada y nuestra costumbre de hablar alto, noto en una mesa con madre e hija una conversación sobre la salud de un familiar, otra con cuatro amigas, tres de ellas escuchando atentamente a otra comentando algo sobre su jefe, otra mesa con tres señoras vestidas elegantes con ropa y accesorios de marca, comentando sobre la dificultad de viajar con la frecuencia y comodidad acostumbradas, y a mí se me ocurre que el desgaste excesivo de unos mocasines Ferragamo de una de ellas así lo confirma. Son 28 mujeres, y entre ellas incluyo a dos niñas juguetonas que compartían con dos portentosas morenas, ajenas a las miradas escrutadoras que desde otras mesas provocaban, en especial a la que tenía en su pecho a una niña -de unos tres años- que lactaba con natural desparpajo.

Todas estas mujeres confluyendo en un mismo lugar, con más semejanzas que las diferencias que lo social hace supone: mujeres obligadas a salir a buscar comida, medicamentos y demás, para llevar vida a sus casas o lograr vivir a través de su venta o trueque: mujeres de la casa. Y digo esto último porque en un país en el que hemos crecido con tantas frases hechas, la que hace referencia al hombre de la casa, no se corresponde con la realidad: mujeres que paren seres humanos, mujeres que proveen, mujeres que consienten, mujeres que entregan, no merecen vivir como lo están haciendo; quizás esa vocación de dar las lleva a buscar, como la leona que caza para los cachorros y para servir al león que -con el pretexto de proteger a la manada- vive a expensas de ella, lo que se parece a una buena parte de nuestras familias.

No creo que sea el bravo pueblo del que habla nuestro himno nacional, representado generalmente por ejércitos o montoneras de hombres, que asuma el desafío de hacer lo necesario para salir de la crisis; creo en las mujeres, esas que están en la cola, o que desde otros espacios se están activando, que -al igual que las que me rodean en el cafetín- conversan todo el día y todos los días sobre lo que les cuesta conseguir la plata y las cosas, creo en esas mujeres que un dirán ya basta.

Es tan grande el poder que tienen las mujeres en nuestra sociedad, que no es casual que las veamos en algunas posiciones políticas de resguardo de la institucionalidad, y que actuando con una posición férrea y monolítica como las leonas, defienden a su Rey León, dormilón y tragón y aparentemente dispuesto para cuidar su territorio de cualquiera que intente contradecir lo que él entiende por tal.

Pero hay otras, la mayoría, enfrentando esta crisis provocada por hombres, que todos los días demuestran la naturaleza con la que han sido dotadas, y que más allá de haber sido creadas de una costilla, son la columna que sostienen esta sociedad.

Desde aquí mi gratitud a todas las mujeres que han sido parte de mi vida y a todas las mujeres que son la vida de cada uno de otros en este país:

¡Mujeres, Venezuela -que también tiene nombre de hembra- es de ustedes, esperamos instrucciones!

Luis Tercero Silva

Consultor, conferencista y motivador

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El optimismo

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En los días finales del mes de abril del año 2014 fui invitado a un programa de radio conducido por Norma Rojo y Zulay Rosas. El nombre del programa “Aquí me quedo” dejaba ver el interés y compromiso de estas dos comunicadoras con el país y su destino. Nuestra conversación estuvo dirigida a brindar motivación y herramientas gerenciales  a la gente emprendedora, buscando enfoque y plan de acción con esas iniciativas, bajo la premisa de que “la diferencia entre un sueño y una meta es una fecha”. Ese día me comentaron de unas ideas que compartían y que en el corto plazo convertirían en un proyecto que hoy es Orienteesnoticia.com. Dentro del marco de mi gratitud, por considerarme para este espacio y desde el ejemplo que ellas representan, hoy nos dedicaremos a una virtud que debemos reforzar constantemente en este tiempo convulso: EL OPTIMISMO.

Jorge Bucay, psicólogo y escritor argentino,  destaca que “la palabra optimismo es una palabra muy particular, proviene de una palabra griega que es opus, que quiere decir obra, que quiere decir tarea, que quiere decir trabajo. OPTIMISTA no es el que simple y sencillamente sin ninguna razón cree que todo va a salir bien. OPTIMISTA es aquel que cree que todavía hay cosas por hacer. OPTIMISTA es aquel que sabe y siente, tiene la certeza de que hay una tarea todavía que se puede realizar”.

Afortunada definición para dejar a un lado las frases hechas que nos llevan a resignarnos con el devenir de las cosas, auspiciado  por un destino que nos controla desde antes del nacimiento dependiendo de nuestra fe,  de la familia, del barrio o el tiempo en el que nos tocó vivir.

¿Qué hace que, en igualdad de condiciones, algunos logren “cosas” (palabra con la que en Venezuela definimos metas, bienes, relaciones y demás)  y otros no?

Buscando respuestas, en días pasados tuve la oportunidad  de leer el libro de Luis Pedro España, “Desiguales entre iguales, radiografía social de la Venezuela actual” (Libros de El Nacional), que me permitió identificar de una manera didáctica y real esos otros aspectos demográficos, económicos, sociológicos y políticos,  que no tomamos en cuenta al emitir nuestros juicios definitivos y simplistas sobre el venezolano.

Es que cuando vemos y vivimos las condiciones en que se debe mover todo emprendedor, empresario o soñador -todo residente del país- llama la atención de propios y extraños que hay una virtud que, aunque vapuleada por la realidad,  está presente en nuestra gente y que se reanima con cualquier episodio externo o interno como las elecciones del 6D: La Esperanza.

Y eso está bien… dicen que es lo último que se pierde… aunque ella quedó en el fondo de la caja de Pandora, escondida para siempre, a decir de los griegos.

Porque en la Esperanza hay una ilusión matizada por la espera de que algo bueno vendrá, porque alguien quitará la tapa a la caja, mientras que el Optimismo es acción: es obra, es tarea, es trabajo.

Y tiene que ver con definir el FOCO al que queremos dirigir nuestros pensamientos, nuestras emociones y acciones. Es identificar claramente qué cosa queremos: cuánto tiempo perdemos a veces en lo que NO queremos…

Es DISCIPLINA, la que comienza por la puntualidad y eficiencia en nuestros encuentros y el desarrollo de hábitos personales y empresariales dirigidos a ser más eficientes, teniendo en la mira lo IMPORTANTE y asumiendo con criterio la URGENCIA.

Y la PASIÓN, las ganas, el amor, el cuidado que todo emprendedor pone en sus cosas y en la gente aliada que coopera para el logro.

Convierte tus sueños en metas, ponle fecha, actúa con foco, disciplina y pasión, y ten la certeza de que aún hay cosas por hacer, Estimad@ Optimista!

 

Luis Tercero Silva

Consultor, conferencista y motivador

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Contribuyendo al éxito de la gente y sus organizaciones

A través de diversas modalidades de Capacitación (talleres, charlas de alto impacto, principalmente) busco crear un ambiente dinámico y participativo, donde los asistentes reflexionen y actúen sobre la importancia del trabajo en equipo y la responsabilidad individual para lograr los resultados personales y organizacionales.

Pero voy más allá de ese momento: acompaño a los diferentes actores en asumir el compromiso personal para el logro de los objetivos, utilizando para ello la asistencia y el coaching personal y organizacional, propiciando un clima de trabajo retador y motivador para alcanzar las metas.

Lo anterior se traduce en un Modelo de Intervención Organizacional, que atiende a la empresa en toda su estructura, en sus niveles: Organizacional, Supervisión y Gerencia, Servicio y Ventas, de donde se derivan las acciones de formación y asesoría.